
No se que más hacer. Me siento ante un Mar agónico.
Dónde la arena tormenta mi largo pesar.
Ese amanecer mágico, capaz de inspirar a los viejos poetas, me ha desvelado su truco, perdiendo así su encanto...
Ya no me envuelve, no me abraza ni protege...
Ya no siento ese calor que solo el Sol es capaz de dar despues del reinado de la oscuridad...
Todo es frío.
Desde las noches sin estrellas, los amaneceres dejaron de ser naranjas para esta rana, que es, cada vez más, un sapo
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